jueves, 30 de abril de 2015

Se te olvida


Se te olvida
que aveces de mis manos
se escapa solitaria golondrina.
Que en vuelo de su pico
se escapa una semilla.
Que de la semilla
silentemente se escapa el germen dormido.
Que del germen se elevan ramas
tocando al cielo, de luz fundido.

Se te olvida, que acaso una rama,
te pinta el paisaje
de árbol florido.
Que de un pétalo a otro
liba la sabia del néctar divino
un pajarito.
Que en su pico, colmado de besos,
se pegan los versos
que el polen despunta.
Que el pétalo muere
pensándose viento,
y cae violento, 
pensándose golondrina y fruta.
Que la fruta madura se duerme
con el vaivén solitario del viento.

Se te olvida 
que mi amor en suspiros
se transporta meciéndolo a ritmo lento.
Que alguna vez el fruto se cae
y avista tus dulces ojos.
Que de tus ojos nace el deseo
de morder el fruto avistado.
Que tu mano acaricia, baña,
 muerde, besa, extrae el zumo
 y luego desecha...
Mi alma, mi suspiro, 
mi beso, mi caricia; 
mi amor.


Luz que apagas

Luz que apagas toda fuente de vida;
que retumbas milenaria
como rabia en las costillas.
que te tuerces, como página 
acoplada a la prendida
de las manos vigorosas: que se anidan.
Dime cuántas veces, en tu oreja 
mi oreja, mordiste un sueño a escondidas.
cuantas veces, mis manos se durmieron
ante la amenaza que infligías.

Hoy se me caen las gotas de palabras,
vuelan como golondrinas;
se conforman de castillos gigantes,
se asoman presumidas,
se desploman suavemente
y de golpe se suicidan.
Nunca he visto tu golpe violento
pero se siente profundo en la mejilla...
La palabra se silencia de silencios
y me derrito de poesía.

Acaso mis sueños son duros interceptos, 
vorágine de palabra encendida,
que se duerme hábilmente
en tus manos; en las mías,
en las páginas del tiempo
que agriamente me convidas.
Te bebes mi sal
y siento un agrio inexplicable
que se anida, poco a poco en mi garganta.
Vete lejos de mis páginas y no vuelvas;
no me dejes esta noche sin compañía.
Que se duermen suavemente los versos, 
y mis manos quedan vacías.

martes, 28 de abril de 2015

A Sofía

Rayito de luz que enciendes
silenciosamente a mi alma.
El tiempo viene y te arrebata,
de mis manos te aparta.
Te pinta de colores nuevos,
de primaveras soleadas,
llenando mis sueños dormidos,
conquistando las blancas páginas.

De blanco se tiñen mis días,
tu sonrisa me presagia,
nuevos mundos extraños
que salen de tus pestañas.
Princesa... adórnate con mi canto viejo,
como en mi canto, niña dormitabas.
Y encuentra solitario camino
que te lleve otra vez al alba,
que te coloque cerquita del cielo,
desde donde el Padre eterno,
desde siempre te miraba:
te amaba.