Luz que apagas toda fuente de vida;
que retumbas milenaria
como rabia en las costillas.
que te tuerces, como página
acoplada a la prendida
de las manos vigorosas: que se anidan.
Dime cuántas veces, en tu oreja
mi oreja, mordiste un sueño a escondidas.
cuantas veces, mis manos se durmieron
ante la amenaza que infligías.
Hoy se me caen las gotas de palabras,
vuelan como golondrinas;
se conforman de castillos gigantes,
se asoman presumidas,
se desploman suavemente
y de golpe se suicidan.
Nunca he visto tu golpe violento
pero se siente profundo en la mejilla...
La palabra se silencia de silencios
y me derrito de poesía.
Acaso mis sueños son duros interceptos,
vorágine de palabra encendida,
que se duerme hábilmente
en tus manos; en las mías,
en las páginas del tiempo
que agriamente me convidas.
Te bebes mi sal
y siento un agrio inexplicable
que se anida, poco a poco en mi garganta.
Vete lejos de mis páginas y no vuelvas;
no me dejes esta noche sin compañía.
Que se duermen suavemente los versos,
y mis manos quedan vacías.
No hay comentarios:
Publicar un comentario